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Sobre mí

Mi historia

Antes de contarles de mi formación me gustaría contarles mi historia con la ansiedad. La verdad es que siempre he tenido ansiedad pero no tenía claridad hasta hace unos años y viendolo en retrospectiva la gestionaba bastante mal. En algunos momentos, la ansiedad me paralizaba; no quería salir, ni hacer nada, ni hablar con nadie. En otros, me lanzaba al extremo opuesto, hablaba en exceso y terminaba haciendo cosas que no me hacían sentir bien. En ambos extremos la culpa me dominaba

Con el tiempo, y gracias a mi formación como psicóloga, empecé a darme cuenta de que evitaba enfrentar las cosas que me incomodaban. En lugar de abordar mis emociones, me iba al otro extremo, hablando desde la rabia o de manera inapropiada, lo que nuevamente me llevaba a sentir culpa, esa compañera que nunca me abandonaba.

No puedo olvidar a otro acompañante en este proceso: los ataques de pánico. En esos momentos, no entendía lo que me sucedía; solo sentía miedo, ganas de llorar, la respiración acelerada y una opresión en el pecho. A veces, llamaba a una amiga que ya conocía más sobre el tema, quien me ayudaba a regularme y a calmarme. (Con el tiempo, comprendí que los ataques de pánico eran una forma de liberar la tensión emocional y física para encontrar la relajación y deje de verlos como algo negativo, pero eso fue luego de entender y conocer bien a la ansiedad). Sin embargo, en ese momento siempre me sentía al borde, como si en cualquier momento pudieran volver, acompañada de pensamientos negativos y crueles hacia mí misma, y una ansiedad constante frente al futuro.

Hasta ese momento, mi pensamiento era: “soy una persona promedio”, pero lo decía con un tono negativo. Mi sueño era destacar en algo, diferenciarme, ser excelente en cualquier ámbito. Detrás de esa búsqueda siempre había un mensaje interno que me decía: “no eres suficiente”, “eres poca cosa”, “ni siquiera eres tan simpática”, “se van a dar cuenta”, “no eres tan linda”. Imagínense cómo terminaba sintiéndome: con pena, angustia y una rabia que no sabía cómo reconocer.

Llegó un momento en el que toqué fondo. Mis niveles de ansiedad estaban por las nubes, y lo reconocí: mi diálogo interno era cruel, me costaba tomar decisiones y eso afectaba cada aspecto de mi día a día. Procrastinaba constantemente y no estaba haciendo lo que realmente quería en mi vida, ni siendo la persona que deseaba ser. Estaba decepcionada de mí misma y no me gustaba la persona en la que me estaba convirtiendo.

Fue entonces cuando decidí tomar las riendas de mi vida. Como toda historia, mi camino también tuvo un giro inesperado. Me fui tres meses a Indonesia a trabajar en un colegio, a conectar conmigo misma, y también me sometí a diversas terapias sanadoras que me ayudaron a despertar y reencontrarme.

Al regresar a Chile, mi mente estaba más ordenada. Estaba lejos de haber dominado mi ansiedad, pero había recuperado mi esencia. En ese contexto, comencé a enfrentar mi vida y a construir lo que quería. Terminé mi carrera, que ahora disfruto y en la que me siento cómoda, aunque no siempre fue así. Después de graduarme, me especialicé en terapia estratégica breve, el enfoque que utilizo en mis terapias. Fortaleciendo mi confianza y seguridad, pudiendo entender que quizás no era y no iba a ser la excelente en algo pero había encontrado algo que me gustaba y me llenaba, y esto me daba propósito. 

A lo largo de este proceso, seguí conociendo mi ansiedad y me di cuenta de cuántas creencias y exigencias familiares cargaba. A pesar de que no me hacían sentido, intentaba seguirlas como si fueran leyes. Poco a poco, comencé a desafiarlas, aunque al principio fue incómodo y obviamente da miedo. Sin embargo, con el tiempo, esa incomodidad se fue transformando en liberación.

Además, empecé a conocerme mejor: mis límites, mis tiempos, lo que me gusta y lo que no. Puede parecer básico, pero antes no tenía claridad lo que hacía que me moviera en todas partes y claramente no nos puede gustar todo y terminamos de cierta manera traicionandonos. Al entender esto, supe cómo moverme más hacia lo que quería, en lugar de seguir las expectativas de los demás.

Y aquí viene la parte crucial: comencé a hacer deporte. Aunque había practicado antes de manera intermitente, nunca logré ser constante. Si tengo un consejo que compartir sobre cómo lo logré, es que cambié el enfoque. Antes, mi meta al hacer ejercicio era simplemente bajar de peso y estar en forma. Ahora, lo convertí en una herramienta para mi salud mental. Comprendí que el ejercicio estimula la dopamina, serotonina, endorfina, neurotransmisores que transmiten señales en el cerebro y estas en particular ayudan a sentirse mejor.  Así, me di cuenta de que es mucho más que estar delgada o en forma; se trata de cuidarse, de respetarse, de quererse, priorizarse y estar bien con uno misma.

Este cambio de mentalidad no ocurrió de la noche a la mañana. Comencé haciendo ejercicio una vez a la semana, luego dos, y así fui incrementando la frecuencia a medida que dominaba el hábito.

Hoy, escribo esto para contarles que he logrado enfrentar mi ansiedad, mis miedos y mis creencias. Cargo menos peso en mi día a día, lo que me permite ser más feliz y enfocarme en mis proyectos, en ser la persona que realmente quiero ser.

A veces, el camino puede parecer complicado y abrumador, pero lo más importante es tener claro para que quieres enfrentar tu ansiedad. Entender cómo eso cambiará tu vida y lo que quieres lograr es fundamental. Esa claridad es lo que te sostiene en los momentos de desafío y en el tránsito de la incomodidad.

Hoy, me dedico a ayudar a otros a transitar sus propios procesos, enfrentando su ansiedad y conectando con su esencia. Creo firmemente que para que la terapia sea efectiva, debe ser un proceso activo en el que ambas partes participen. No se trata de un enfoque jerárquico, sino de construir juntos.

Me enfoco en que aprendan a cuidarse y a enfrentar las diversas situaciones que la vida presenta, abarcando tanto el bienestar físico como el mental. Esto implica mejorar la relación con uno mismo y con los demás, fortaleciendo la confianza, la seguridad y la autoestima, superando los sentimientos de insuficiencia.

Mi enfoque terapéutico es integrativo, combinando técnicas como mindfulness, EMDR, terapia breve estratégica, terapia cognitivo-conductual y terapia centrada en la compasión. Trabajo con las personas para que desarrollen herramientas que les permitan cuidarse y desenvolverse mejor en su vida.

Formaciones 

  • Psicóloga Clínica-  Pontificia Universidad Católica de Chile.​

  • Especialista en EMDR (EMDR Institute, Argentina)

  • Especialista en Trastornos de la conducta alimentaria - La Casa Alta

  • Especialista en Terapia Estratégica Breve - Centro MIP. 

  • Curso de Especialista en Ansiedad -  Universidad Complutense de Madrid

  • Formación en Terapia de Pareja- Método Gottman

  • Terapia de la Compasión- Gonzalo Brito

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